Mi nombre es Camilo Arias, tengo 16 años, soy católico desde que nací pero practicante desde hace algún tiempo, cuando descubrí cómo obra Dios para nuestro bien y cómo nos entrega ese amor tan inmenso sin importar cuantas veces no lo valoremos. Yo era un niño como la mayoría, tenía tiempo para cualquier cosa menos para dedicarle a Dios, y durante las pocas veces que lo hacía... le expresaba mi cariño cálidamente pero a la vez muy frió porque le inculpaba de las cosas malas o problemas que tenía, porque a pesar de que hacía las cosas con tanto esmero, dedicación y amor no resultaban como yo lo quería y así la pasaba triste a veces llorando diciéndole " si estás ahí y en verdad nos quieres, porque no me salen las cosas como yo quisiera a pesar que no hago nada malo" y mientras me preocupaba por cosas no tan importantes no me estaba dando cuenta de que Dios estaba por darme una lección muy importante. Un 4 de Septiembre cuando estaba compartiendo con mis amigos viendo una película, me enteré que un familiar había tenido un accidente y había muerto, en ese instante fue cuando Dios me tocó, ahí fue donde me empecé a dar cuenta de que había mal gastado mi tiempo en cosas sin importancia y dejando a un lado algo tan importante como el afecto, el afecto que se le expresa a la mamá, a los hermanos, a la familia, a los amigos, y que yo nunca le expresé a ese familiar que ya no estaba ahí, nunca me tomé el tiempo de hablar con él, de decirle lo mucho que lo quería aunque no valorara su presencia y por no hacerlo Dios me estaba dando una lección a través del cargo de consciencia. En ese momento al mismo tiempo me preparaba para confirmar mi fe a Dios, en ese proceso para la confirmación conocí a los jóvenes Misioneros del Santo Padre que nos expusieron su proyecto y nos dijeron que cada persona tenía un testimonio de vida, testimonio que algunos aún no lo habían descubierto pero que ya llegaría el momento. Y así poco a poco me fui acercando a Dios y empecé a vivir la fe católica con poco conocimiento pero con mucha voluntad y espíritu y me dí cuenta de que si las cosas a veces no salen como esperamos es porque Dios nos quiere enseñar a través de eso algo, por eso yo ahora digo que los problemas nos son eso, sino Dios dejándonos caer para entender, para aprender cosas nuevas de la vida y para que nos volvamos a levantar y a seguir caminando, para ver que a pesar que nos ensañamos resaltando las cosas malas que nos ocurren cada día, hay muchas más cosas buenas que tenemos que valorar, por eso yo siempre resalto las cosas buenas porque no importa lo que sea, no importa que tan malo creas que sea siempre tendrá un lado bueno, empezando porque siempre va a haber alguien que te quiere mucho, y te invito a que cada vez que tengas la oportunidad de decirle a ese ser querido, a esa mamá, a esos hermanos, a esos amigos cuanto los quieres, no la dejes pasar y hazlo inmediatamente porque no sabes si podrá ser la última oportunidad de hacerlo, para que después no sientas que el cargo de conciencia te va a matar, así como yo le digo a esa persona especial que ya no puede estar en persona lo mucho que la amo y la extraño, pero me tranquiliza que ella lo sabe y me está escuchando. Bogotá, Junio 8 de 2011