Hace mucho tiempo un alfarero fabricó dos jarras de barro, cada una con un amor muy grande, pues amaba su trabajo y lo agradecía cada día. La primera jarra, la hizo pensando que sería muy buena para poner el agua, la doto con una gran capacidad, de cuello amplio, con dos agarraderas para facilitar el servir, y pensó que era una muy buena jarra.Así la puso al horno y la trabajó hasta que quedó lista. Luego hizo la segunda pensando que sería muy buena para poner el vino, la dotó con una hermosura superior, con elegancia, un cuello delgado y una boca con canal para que no se derramase nada, y pensó que era una muy buena jarra. Así la puso al horno y La trabajó hasta que quedo lista. Las dos jarras vivían felices sirviendo en las cenas de su dueño, y todos los invitados comentaban muy bien de ellas. Días después, las dos jarras empezaron a hablar de lo muy felices que se sentían estando allí, y cada una parecía hacerse más perfecta con el tiempo; viendo esto el alfarero, sin ninguna explicación, mandó sacar las dos jarras del servicio, las llevó a su taller, las puso sobre la mesa de trabajo, y dijo: “ahora quiero que hagan otra cosa para mí”.Cada una se preguntaba a que se referiría el alfarero; pensaban en diferentes posibilidades: “tal vez, él quiere que yo lleve aceite, y así pueda estar en más comidas o más bien para llevar perfume, y así estaré en puestos privilegiados cada fiesta”. Entonces, el alfarero tomó la jarra del vino y la llevó aparte, comenzó a moldearla de nuevo, le puso formas en barro sobre el cuerpo, le hizo una nueva boca circular más simple, tomó un pincel y fue decorándola con diferentes imágenes. Mientras tanto, ella decía: “’él me creó para ser vasija para servir vino y así le he servido toda la vida, ahora no sé que hará conmigo pero está bien, le serviré en lo que él quiera”. Cuando el alfarero terminó, el resultado fue una maravillosa vasija que pondría en el centro de la mesa principal, la llenaría con flores bellísimas y así adornaría las comidas. Cada día tenia flores nuevas, su belleza hacia sonreír a quien la mirara y el alfarero era felicitado por tan buen trabajo.Luego tomó la jarra del agua, la llevo aparte y empezó a moldearla otra vez. Pero a cada cambio que le hacía, la jarra pensaba: “esto es una ridiculez, yo he sido creada para servir agua y ¡tan bien que lo hago!, ¡porque me está haciendo esto!, no entiendo, ¡quiero volver a la mesa a hacer lo que se!” En ese instante se endureció y empezó a agrietarse, entonces el alfarero la miro y trato de arreglarla cuidadosamente, pero ella decidida a no dejarse, se volvió áspera y fea, entonces el alfarero no tuvo otra opción que hacerla moler, para hacer platos y vasos comunes.Esa noche el hombre miro el jardín desde la ventana de su cuarto, y dijo: “qué bonita habría quedado esa jarra en la fuente principal del jardín”…
FIN.Así somos muchos de nosotros. Nos apegamos a situaciones de la vida, a un trabajo, a una persona o incluso a cosas materiales, que en determinado momento, Dios que nos dio todo nos lo quita en su voluntad, y nosotros solo lo cuestionamos e increpamos. O condicionamos las cosas que hacemos solo haciendo lo que nos gusta o lo que se nos facilita, y cuando nos piden que hagamos algo diferente nuestro orgullo pelea, se siente herido y decimos: “¿Cómo puede ser posible que me pongan a limpiar manzanas, si todo el mundo sabe que yo soy un experto limpiando piñas?” sin saber que viviendo en la voluntad de Dios, todo es para su Gloria y que lo importante no es en qué estoy sirviendo si no servir. Esto sucede entre amigos, novios, esposos, familias, trabajos, comunidades, cada una en su particularidad. Está en nosotros entender que siendo dóciles al servicio de Dios y haciendo todo con amor, Él nos podrá moldear y nos santificaremos en donde Él nos ponga para su mayor gloria.Igual cada talento que tenemos o virtudes que nos caracterizan, tenemos que entender que no es de nosotros y que fue Dios quien los puso ahí, así como el alfarero moldeó y decoró la vasija de vino, esta era hermosa pero todo el trabajo era de su creador no por ella misma y así todos felicitaban al alfarero, y lo alagaban por tan bella creación.Vivamos siempre en la voluntad de Dios, queriendo glorificarlo antes de ser glorificados nosotros, hagámonos vasijas de barro dóciles, para que Él pueda trabajar en nosotros y hacer de nosotros lo que Él quiera.
Bogotá, 26 de Marzo de 2011