Que detalle Señor has tenido conmigo…
Como diría San Agustín… Tarde te conocí, tarde te amé… definitivamente la misericordia de Dios es tan grande, que preguntarse cómo o cuándo empieza ese despertar en los caminos del Señor, es como cuando jóvenes nos preguntamos ¿Qué será lo que Dios quiere de nosotros?. Es ahí cuando empezamos a descubrir nuestro camino espiritual y algo dentro de nosotros nos impulsa a seguir mar adentro y a interiorizar lo insondable y profundo que es el amor de Dios que anhelamos y nos hace sentir cada vez más plenos; es como cuando un capullo de una flor comienza a despertar luego de un gran sueño.
Pues bien, sin entrar más en detalles doy gracias por estar aquí ahora y pese a mis recién cumplidos 30 años, luego de muchas idas y venidas, y a veces con la melancolía de no haber conocido antes al Señor, pido al Señor que me dé la fuerza y la luz para seguir adelante en este llamado que desde hace relativamente poco tiempo siento en el corazón.
Para quienes no me conocen, mi nombre es Juan Francisco González Dueñas, nací el 11 de Junio de 1981, en una familia católica, (creo que es común escuchar esto en la mayoría de testimonios, lo cierto es que a veces no lo valoramos como debería ser, pero en fin…), mi padre Luis Antonio cursó su bachillerato en un seminario de padres capuchinos a las afueras de Bogotá y mi madre Cecilia nacida en Ocaña, una población al igual que muchas en nuestro país, muy creyente y con amplias y fuertes tradiciones católicas. Tengo dos hermanos, Ricardo quien también pertenece a JMSP y por ende a Peregrinos del Amor y Martha quien recién se casó y por Gracia de Dios ya sabemos desde el pasado 13 de Junio, día de San Antonio, vamos a ser tíos, (luego de un fuerte testimonio de parte de ella que espero luego se los comente a todos). Con una niñez normal, aunque realmente marcada por pocos amigos, introversión y timidez, fruto en parte de ser bastante apegado a mis padres, transcurre una vida normal, donde la competencia académica y a veces las trampas por querer ocupar primeros puestos me llevan a desviar mis principios, queriendo enfocar mis esfuerzos en un ambiente egoísta alejado del querer de Dios y pensando en mí mismo.
Ingreso a la universidad relativamente joven, los primeros semestres fueron bastantes pesados, rodeados de malas amistades y en un ambiente más libre para mi, comienzo a rodearme como ‘primiparo’, de ambientes de rumba, baile y trago; con un fácil poder de convencimiento empiezo a dejar de lado los valores y principios adquiridos por mis padres, (cabe agregar que la misericordia de Dios y de María Santísima impidieron que cayera más allá de la fosa, en parte también por las oraciones de mis padres). Desafortunadamente cuando uno está en problemas en la mayoría de los casos es cuando se busca a Dios, tarde me di cuenta con quienes me estaba rodeando, y poco a poco empecé a concentrarme en mis logros académicos y luego laborales. Sin embargo siempre había algo que me impulsaba a buscar a Dios, me sentía vacio, como aquel cuento del país de los pozos donde el pozo aún no encontraba su razón de ser hasta que empezó a mirar en su interior y ver que era más, mucho más de las cosas que durante su vida habían llenado su interior; en ese entonces y aunque aun con mis propósitos egoístas de una sociedad que nos enseña a estudiar y estudiar, trabajar, comprar cosas, casarnos y tener hijos, a veces perdiendo realmente cual es nuestro verdadero norte, dejé de lado un poco mis malas amistades y empecé a enfocar mis esfuerzos en lo personal, sin embargo acercándome un poco más de nuevo a la Iglesia y a un grupo pastoral universitario, descubrí de nuevo a través de convivencias, retiros espirituales, y apostolados en hospitales, lo que había perdido en mi juventud o no lo había vivido con verdadera alegría. En ese orden de ideas estaba en “teoría”, tranquilo haciendo algo bueno para mi alma y siguiendo en mi empeño por mi carrera y objetivos profesionales, a pesar de eso no dejaba del todo a mis malas amistades como al igual que muchos aspectos de mi vida incoherentes (el que peca y reza empata… o algo por el estilo).
SEMANA SANTA…
Tras esta serie de encuentros y retiros, decidí hacer un retiro de Semana Santa, decían que era de silencio (lo cual no me incomodó mucho, ya que me considero una persona callada). Les avisé a mis padres y lo realicé, me decían que el Padre era súper especial, (cosa que me motivó más), y aunque nunca había pasado una Semana Santa sin mi familia, siento que hace más de 7 años, ésta, cambió mi vida. Estando en un ambiente propicio, con los sacramentos diarios, y una muy buena conducción por parte del Padre Hermman Rodríguez, pude vivirla al máximo, creo que uno de los momentos que más me impactó, fue cuando consiguieron una cruz bastante grande y nos dieron a cada uno clavos y hojas invitándonos a escribir allí nuestras faltas y pecados. Lo que debíamos hacer era clavar las hojas en la cruz para luego en la resurrección quitarlas y quemarlas en medio de la ceremonia del agua y el fuego. Sin duda esto me marcó, pues la confesión (aunque me consideraba bueno), no la hacía desde hace mucho, y menos vivir una Semana Santa, que en la mayoría de los casos la pasaba en mi casa viendo TV, y con el aburrimiento de acompañar a mis padres a las ceremonias religiosas (por obligación).
El caso es que fue tan fuerte dicha experiencia que recuerdo decirle a una amiga, hace más de 5 años…. “si hago un retiro como este, de un mes, hasta me voy de cura”, incluso me tocó tanto en especial el Domingo de Resurrección, que al llegar de nuevo a mi casa les comenté a mis padres mi inquietud vocacional la cual con mis fines egoístas, profesionales, y personales, e incluso basado en algunos comentarios por parte de mi familia, hicieron enfriarme y seguir estudiando, culminar mis estudios y empezar a trabajar, y a volver a rodearme de mis antiguas amistades.
Luego de idas y venidas, encuentro que pese a mis múltiples trabajos, a mis éxitos y títulos profesionales, (especializaciones, cursos y demás), sigo con un vacío que solo lo llenaba al hacer dichos retiros anuales y mis experiencias en el apostolado del hospital, sin embargo sabiendo que me hacía más contento, intentaba acallar aquello que me impulsaba más y más. Me acuerdo que un mes de Mayo hace como 3 o 4 años se iba a hacer un rosario en mi Parroquia, llegando a una hora que no era la adecuada y saliendo de mi casa buscando calmar mi sed espiritual, un grupo de jóvenes me da la acogida y a través de cuatro de sus integrantes descubro Peregrinos del Amor, esto sumado a mis cortas adoraciones al Santísimo en la Parroquia avivan con más fuerza aquello que no quería escuchar, y aunque inicialmente asistía a este grupo buscando muchachas de bien, con intereses similares a los míos para establecer un noviazgo o algo por el estilo, sentí algo más fuerte que con el tiempo lo he continuado descubriendo más y más a medida que profundizo en el conocimiento del Señor.
Hoy en día con 30 años, y luego de tener una experiencia de discernimiento vocacional en un convento franciscano y de estar en obediencia a los consejos de un director espiritual (indispensable en este proceso), me siento llamado a una vocación al sacerdocio y aunque soy consciente que es una responsabilidad muy grande, por tantas gracias y bendiciones recibidas desde que he empezado con mayor seriedad, siento que el Señor me ha rescatado de la fosa y me invita a no tener miedo, me dice que El no me quita nada y lo da todo, y me dice que no debo ser como aquel sarmiento que recibiendo tanto decidió no fructificar y quedarse para sí.
Espero que este testimonio motive a más jóvenes. Muchos jóvenes descubren tarde su vocación o esperan descubrirla después, el Señor llama y sigue llamando, y si El no construye la casa, nuestra vida, nosotros en vano la construimos o nos cansamos… pidamos a Él para que nos dé la fuerza y la luz y María Santísima a quien estoy seguro debo más del 95% de mi vocación, siga intercediendo por nosotros, nos haga humildes y sencillos, dóciles al llamado del Señor, y puros como Ella, pues en este camino la pureza es la raíz de la obediencia y demás virtudes que por Gracia de Dios podemos recibir para poder servir más y mejor a quienes nos rodean y poder ser verdaderos instrumentos del Señor, no por nuestros medios sino por Su Gracia y Bendición.
Divino Niño Jesús de Praga… Ten Misericordia de Nosotros. Amén.
Bogotá, Julio 6 de 2011