LAS OCURRENCIAS DE DIOS Esta es una historia que, más que un simple relato, es una experiencia de fe. Durante la misión, es posible observar todo tipo de cosas. Las experiencias hermosas son innumerables, y he podido presenciar tantos regalos de Dios, como el que les relataré, que jamás acabaría de contarlos. Pero este en particular fue un suceso en el que yo pude claramente ver la mano de Dios obrar en la vida de alguien por medio de un instrumento tan sencillo como es mi testimonio de vida que además de no ser muy extenso, debido a mi corta edad, no tiene nada de extraordinario. Esta es la historia de “Ben”. Benjamin para ser más exactos. Bueno, en realidad no es el relato de su vida, pero si de la parte de ella en la que Dios permitió que él se cruzara en mi camino y en el de algunas de mis compañeras de misión. Todo comenzó hace un poco más de un año. Dios nos dio, a mí y a otras tres jóvenes, la gracia de participar en el Mladifest 2010, un evento juvenil que se realiza anualmente en torno a la Santísima Virgen en Medjugorje, un pueblo en Bosnia. Fueron días increíbles que, si Dios más adelante me da licencia, podré compartirles más a fondo. Pero por ahora no me puedo desviar del centro de mi historia. Unos días antes de que dicho festival acabara, nos encomendaron la misión de contar nuestros testimonios a un grupo de jóvenes de habla inglesa de distintas nacionalidades y a compartir también con ellos un rato de oración y alabanza. Fue un momento muy bello, pero nada fuera de lo común. Esa misma noche, al finalizar una de las actividades centrales del festival, un joven de quizá unos 28 o 30 años, se nos acercó y con lágrimas en los ojos nos dijo que la alegría que irradiábamos al compartir nuestra experiencia personal con Dios era inusual y que lo había impactado en sobremanera. Nos contó que era de una familia protestante y que estaba ahí en Medjugorje para vivir una experiencia del catolicismo y comenzar a conocer a nuestra Santísima Madre durante 4 meses; y que al principio no se encontraba muy seguro de su decisión, pero que gracias a nosotros se convenció plenamente. Fueron confortantes las palabras de aquel chico, sin embargo no volvimos a saber de él. Un año más tarde, en agosto de 2011, nuevamente Dios nos dio un regalo, pero esta vez a todos los Jóvenes Misioneros del Santo Padre: Casi 40 jóvenes de México, Ecuador, Perú y Colombia tuvimos la oportunidad de vivir la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, y además de participar en uno de los actos centrales de ésta, y quizá el más importante, debido a que fuimos ganadores del concurso Madrid me encanta, otra bendición que algún día les podremos compartir con detalles. Bueno, se preguntarán qué relación hay entre esos dos hechos y esta historia, pues bien, durante los días de la pre-jornada nos encomendaron enviar algunos artículos a la página oficial de la Jornada Mundial para que los interesados pudieran conocer más acerca de lo que se estaba viviendo en las diferentes diócesis de España, los días previos al gran evento. Al mandar los artículos, establecimos una comunicación directa con un hombre llamado “Ben”, que era el encargado de recibir los artículos y subirlos a la página de internet. Pasaron los días, y por fin llegó el gran momento en el que nos presentaríamos ante miles de personas, cuando ya estábamos reunidos antes de la presentación con los demás actuantes, un joven que iba a acompañar como percusionista a uno de los chicos de la delegación bogotana - quien también había sido ganador en el concurso- se nos acerco y comenzó a hablarnos. En un momento de la conversación, pregunto si nos conocíamos de antes, más yo no recordé su cara y le dije que no creía, él se quedó pensativo y luego de unos segundos dijo “¡Medjugorje!”. No entendí en ese instante el porqué de su sobresalto y luego dijo: “ Tu testimonio, Tu testimonio! Yo soy Ben, Benjamin y yo era el chico que durante el Mladifest el año pasado les dijo que sus testimonios habían cambiado mi vida. Pues bien, me convertí y me confirmé en la religión Católica y ahora estoy trabajando para la Iglesia. Además soy el hombre al que le enviaban los artículos para subir a la página web. ¿No creen que definitivamente Dios nos ha cruzado en el camino por algo? ”. Realmente me sorprendí, allí se podía ver claramente la Mano de Dios. Además el saber que por unas simples palabras que para mí no significaron mucho esfuerzo, la vida de aquel hombre había cambiado, y que realmente Dios lo había puesto en mi camino y en el de mis compañeros por alguna razón específica, era increíble. Ese día confirmé, valga la redundancia, la misión del misionero, que es dejar a Dios actuar a través de nosotros, y como diría San Francisco: “Siempre proclamando el Evangelio y tan solo si es necesario, usando las palabras”. Y ¿Cómo proclamar el Evangelio sin usar las palabras?, con nuestras acciones, con nuestra actitud. A través del tiempo lo he logrado comprender, tan solo estamos aquí para darle una sonrisa al que esta triste, un abrazo al que se siente vacío, una sencilla palabra con amor al que la necesita, y simplemente estando dispuestos a ser servidores e instrumentos de la paz de Dios.
María Luisa Echavarría Noviembre 23 de 2011