Tal vez no sea la mejor historia, ni la más entretenida, pero es la historia que Dios escribió para mí y que aún no termina. Esta es la historia de mi vida.Primero mi nombre: Mariana. Tengo 18 años y nací en Bogotá, Colombia. Nací en una familia de tradición católica, hasta con algunos miembros sacerdotes y monjas. Una familia muy, muy, muy grande, y mucho más, bendecida por Dios.Mis padres siempre nos llevaron a mi hermana y a mí a la iglesia los domingos, y en Semana Santa a algunas celebraciones, pero yo nunca entendía en qué consistía y yo solo repetía lo que mis padres hacían. Desde pequeña, me hice preguntas de vida que nadie pudo responderme como: ¿Quién estaba antes de Dios?, ¿Cómo nació Dios, quién lo creó?, ¿Por qué Dios me creó a mí, a mi alma, a Mariana?Pero no comprender empezó a volverse aburrido para mí, y aunque yo me sentía muy católica y me molestaba cualquier comentario negativo en contra de mi religión, vivía una ignorancia muy profunda.Lo que yo empecé a vivir desde los 12 años más o menos era un sentimiento de sed de Dios y de búsqueda más seria de Él; quería comprender, por ejemplo, por qué iba a misa. Quería llenar algunos vacíos de mi vida con algo más trascendental. Por ejemplo, en misa, decidí hacer el esfuerzo de escuchar atentamente y así empecé a cambiar poco a poco mi vida.También comenzaron las discusiones en el colegio con mis compañeros acerca de la Iglesia, de tantos escándalos, en las que la defendía con celo, pero era tal mi ignorancia que el contraargumento más simple me callaba. Sin embargo, yo no creía que debía investigar para conocer más, sino que yo creía en la Iglesia, la defendía, no dudaba de nada, y para mí eso era suficiente; pero así quería convencer a los demás. Con eso yo me sentía una buena católica.Al mismo tiempo, sentía muy poco apoyo para defender mi fe por parte de otras personas de mi edad. A veces me avergonzaba un poco declararme católica delante de los demás por temor a ser rechazada. Pero yo pienso que lo que más me impulsó a seguir mi fe fue mi meta personal de hacer caso omiso a las opiniones ajenas. Vi como ejemplo, otros jóvenes que hacían cosas a contracorriente con tranquilidad y firmeza, en asuntos de maneras de vestir, pensar, actuar, etc. y me gustaba como se sentían de seguros. Estaban totalmente liberados del “qué dirán”.Y así fue como me afirmé en mi fe, en mi religión, en mi Iglesia Católica, con total convicción… pero aun no sabía nada sobre ellas. El primer paso ya se había dado: aceptar a Dios como guía y norte. Entonces, Él me estaba preparando muchos proyectos como su hija. Cuando ya tenía 15 años fuimos a un retiro de Semana Santa, ya que mis padres, mi hermana y yo estábamos en una búsqueda de Dios más dedicada. Todos, a pesar de la diferencia de edades, estábamos comenzando al tiempo una nueva etapa de nuestra vida espiritual, así que este retiro fue mi primera aproximación a Dios voluntaria y con sentido.El retiro estaba guiado por la fundación Peregrinos del Amor donde conocí por primera vez jóvenes católicos con intenciones propias de servir al Señor. Mi hermana y yo nos unimos a esta comunidad y empezamos a conocer un lado de la Iglesia muy interesante que nunca antes nos hubiéramos imaginado. Entonces nació Jóvenes Misioneros del Santo Padre (JMSP), al cual nos integramos inmediatamente. Esta era una solución perfecta para salir de la ignorancia y conocer nuestra Iglesia comenzando por el Santo Padre, que actualmente es Benedicto XVI. JMSP ha sido una manera integral de formarme como católica, como misionera. Porque yo no solo he ido aprendiendo sobre el Santo Padre, el catecismo, la doctrina social, sino también he podido aplicar este conocimiento para hablarle a otros con bases acerca de Dios, e incluso mi alma se ha acercado mucho más a la adoración al Santísimo Sacramento en una formación espiritual. Ahora entiendo muchas cosas y con corazón sincero puedo ahora ser mejor cristana y le he dado un sentido más profundo a mi vida.Mariana Jaramillo Ramírez