Mi nombre es Santiago, tengo 17 años, estudio gracias a Dios, y lo más importante: soy un joven católico. Soy de una familia totalmente católica, que desde que nací siempre ha inculcado en mí, el deseo profundo de amar a Dios, por encima de cualquier persona o cualquier cosa en el mundo.
A pesar de contar con un don así, como lo son unos padres preocupados por mi espiritualidad, y mi continuo caminar hacia Dios, a medida que fui creciendo me llegué a alejar mucho de Él. Empecé caminos errados, que si bien no implicaban el haber tocado fondo en mi vida, lamentablemente si significaron que Dios para mí en un tiempo, no fuera mas que aquella salida que tenía siempre que yo me encontrara en problemas de cualquier tipo, siéndole indiferente y pensando que lo que la gente llamaba “santidad” era exclusiva de las personas extraordinarias y que aquello para mí era algo mas que una utopía que nunca por mi condición sería factible;tan indiferente y egoísta era, que cuando me acercaba a Él era solo por un interés personal, sin darme cuenta quien es realmente Dios y que su llamado es para todo el mundo.
Un Domingo cualquiera de agosto del año pasado, en la eucaristía dominical, tuve el gran regalo de poder escuchar una convocatoria por parte del sacerdote a un grupo de jóvenes el sábado siguiente, lo cual me lleno de alegría, ya que hacía mucho tiempo estaba en busca de aquello, tal vez en un intento por ver gente como yo, cerca de Dios. Siete días después asistí pensando en encontrarme con algo que quizás llamara mi atención, llegando a la primera reunión de JMSP en mi parroquia. Fue grande mi sorpresa ahí, ya que en los momentos en los que estuve, pude ver no solo “algo” que llamara mi atención, podría decir que fue todo, porqué aunque no hablé con ningún santo, o algo parecido, me pude dar cuenta de que aquello que inconscientemente buscaba hace tiempo, si era posible, que la juventud tan distanciada de Dios actualmente, si puede estar cerca de ÉL, con pequeñas o grandes cosas, no importa, el punto es que asistiendo, poco a poco me pude dar cuenta de que un joven también puede responder a ese llamado que Dios a todos nos hace, y es el llamado a seguirle, a ser santo.
No puedo decir que soy una persona convertida, ya que esto es un proceso que se acaba solo cuando nuestra vida lo hace. Todos los días le pido a Dios para que esa conversión este cada vez más cerca de mí, ya que tengo infinitas cosas por corregir todos los días; lo bueno es que gracias a Él, ahora se que aquello que hacia está mal, para que así yo no pase por el mundo siendo uno más, sino siendo de quienes a ejemplo suyo pudieron llamarse santos. Finalmente quisiera dar algún día un testimonio fiel que pudiera ser de ayuda para una conversión así como algunos me han servido a mi.
Por
Santiago Carranza CastroBogotá, 21 de Mayo de 2011