Me llamo César Giovanni Saavedra, tengo 27 años y estoy culminando estudios universitarios. Mi vida transcurría, aunque sin desorden, conforme a los parámetros sociales que se dice son ¨normales¨ en el manejo de los diferentes ámbitos de la vida (familia, amistades, noviazgos, entretención, universidad, trabajo, etc.). Mi relación con Dios se limitaba a un simple reconocimiento y profundo respeto hacia Él y a una fuerte convicción sobre la autoridad de la Iglesia en asuntos de moral, espiritualidad y fe como depositaria y administradora de la obra de la redención; a pesar de tener eso tan claro no me había apropiado de ello debidamente por estar más centrado en las cosas que el mundo me ofrecía que en los bienes eternos. Yo no hacía a Dios partícipe de mis planes y nunca me detuve a pensar que era Él quien me brindaba tanto bienestar a través de mi familia y muchas personas buenas que ponía en mi camino.
Hace casi tres años sufrí de un dengue hemorrágico bastante avanzado, que los médicos no lograban explicar, este me hizo colapsar dejándome al borde de la muerte y entrando a urgencias en una clínica. En medio de la agonía sentí la presencia de Dios y su inconmensurable amor, paz y gozo (no entro en detalles porque aún sigo tratando de descifrar y asimilar aquel momento). Después de salir de un coma inducido y de la convalecencia, tan pronto pude caminar, lo primero que hice fue dirigirme a la parroquia de mi barrio y postrándome frente al sagrario medité, lloré, pedí perdón, agradecí, hice propósitos y promesas, me confesé y viví el regalo de amor más grande que Dios nos ha dado: la Sagrada Eucaristía. Hoy por hoy la misa diaria es una necesidad y una prioridad para mí que por lo regular suplo a primera hora antes de empezar con mi itinerario, al igual que el Santo Rosario y la oración ante el Santísimo Sacramento; en esos momentos contemplo los misterios de Dios y me sumerjo en ellos buscando fusionarme con el amor de los amores tratando de acercarme a aquel momento tan sublime que experimenté. Desde aquel suceso decidí ampliar e ilustrar más mi fe católica a través de un proceso académico espiritual guiado por el sacerdote de mi parroquia y otras personas muy competentes.
En medio de ese proceso he conocido a mucha gente valiosa de diversas vertientes dentro de la Iglesia, como lo es JMSP, movimiento que a través del Santo Rosario por medio de la intercesión de María Santísima he podido conocer. Cuando me hicieron la invitación la acepté pero con cierto escepticismo porque pensé que era un grupo juvenil más de esos a los cuales muchos van pero con la idea de tomarlo como un pasatiempo. Me sorprendí al ver cómo se rompían los esquemas cuando noté el grado de exigencia, compromiso, devoción y formación de estos jóvenes, además de su filiación al Santo Padre, por lo cual me sentí animado a hacer parte de ellos. En medio de sus actividades he aprendido lo importante que es la misión, el hecho de transmitir a los demás, especialmente a aquellos que están demasiado distanciados de los caminos de Dios, también lo que sabemos de nuestra Iglesia y nuestra fe así no seamos unos eruditos y expertos bíblicos.
Cali, 21 de Mayo de 2011