Mi nombre es Diana Carolina Castrillon, tengo 24 años, soy técnica mecatrónica y actualmente estudio administración de empresas y trabajo en una compañía de seguros; vengo de una familia Católica pero no practicante, fui bautizada a los 17 años y al mismo tiempo realicé la Primera Comunión. Sin embargo, desde muy pequeña siempre he sentido en mi corazón la necesidad de estar cerca de Dios, solo que en muchos momentos de mi vida me dejé arrastrar por las distracciones que hay en el mundo. Empecé a conocer y vivir en torno a las fiestas y los noviazgos; al mismo tiempo la displicencia hacia mi madre crecía puesto que a medida que el tiempo pasaba yo pretendía más “libertad” para realizar las cosas que el mundo me ofrecía. Por problemas familiares y sin ser esta mi voluntad me tocó vivir 3 años lejos de mi madre y mi hermana. Durante esos años viví con mis abuelos y una tía a la cual le tengo especial aprecio. Aquellos tiempos apartada de mi madre fueron muy duros para mí, empecé a valorar lo que tenía y no había cuidado. Después de superado el inconveniente familiar que no me permitía estar en casa, pude regresar, fue entonces cuando comencé a sentir la necesidad de ponerme al día con respecto a las tareas que debía cumplir ante Nuestro Señor, hablo específicamente del Bautismo y Primera Comunión así como asistir a la Misa dominical. Desafortunadamente (¿o afortunadamente?), mis relaciones amorosas no eran firmes, ni exitosas; siempre añoraba que llegara a mi vida un hombre que me brindara una relación llena de prosperidad, cuyos objetivos fueran claros. Fue así como Dios envío a mi vida un hombre que cumplía con todas mis peticiones. Con él, mi debilitada fe comenzó a tener bases sólidas y firmes. Un día, uno de nuestros amigos de un grupo llamado “pro templo” nos habló a mi novio y a mí sobre un grupo de jóvenes que se reunían a orar los fines de semana, situación que me pareció curiosa. También nos contó que estos chicos estaban trayendo a Cali la misión de JMSP, brevemente nos explicó de qué se trataba y quedé interesada en conocer el grupo. Esta persona me informó sobre la presencia de estos jóvenes hacia el fin de semana en la misa juvenil a la que yo ocasionalmente asistía. Tomé la decisión de asistir y averiguar de qué se trataba y al finalizar la Eucaristía hablé con una de las líderes en Cali; ella me explicó cuál era la misión, me dejó la invitación abierta para unirme a este grupo y así decidí indagar un poco más hasta formar parte del mismo. Día a día comencé a conocer muchas cosas que desconocía de la Iglesia Católica, quedé anonadada con este grupo de jóvenes que poseía tan claro conocimiento sobre muchas cosas que yo no lograba comprender, me gustó especialmente su manera de defenderla a base de argumentos sólidos, por no mencionar el amor incondicional que demostraban hacia ella. Eso me motivó a seguir asistiendo, a pesar de no contar con el tiempo necesario, debido a mis obligaciones laborales, académicas, familiares y sentimentales. No sé en qué momento la misión se volvió algo indispensable para mi vida; por más cansada que esté, siento la necesidad de madrugar para llegar a formación, siempre tengo las fuerzas y el entusiasmo de ir, ya es una de mis grandes prioridades y con todo ese proceso, poco a poco han ido llegando grandes bendiciones para mi familia. Por ejemplo, mi hermana quien nunca había asistido a misa ni se interesaba por Dios, cambió radicalmente, mi madre en muchas ocasiones me acompaña a hacer el Rosario diario. Hoy en día, tengo clara mi vocación matrimonial (viviéndola en testimonio) y mi religión aferrada al corazón. Realmente puedo decir que soy una joven feliz y le doy infinitas gracias a Dios por poner en mi camino a JMSP y con eso a las personas tan valiosas que he conocido a lo largo de este hermoso caminar. Cali, 17 de Julio de 2010