Mi caminar en este hermoso sendero conociendo el amor de Dios ha estado lleno de obstáculos, de dudas y de un sinfín de aspectos adversos puesto que el peso de la carne es bastante y más aún cuando se intenta dar un giro de 180° en la vida. Sin embargo, durante este tiempo he tenido la oportunidad de conocer gente muy valiosa, he contado con experiencias enriquecedoras que me han dejado descubrir una realidad, la “verdadera realidad”, la certeza de que hay un Dios y que es Él a quien le debemos todo lo que somos. Es por eso que de antemano quiero agradecer su infinita misericordia para conmigo. Todo comenzó hacia Octubre de 2009, era escéptico hacia la Iglesia y todas sus doctrinas de la fe. Vivía una vida no en desorden pero sí descarriada, solía tener novias y era muy materialista; pues ni siquiera estaba seguro de que después de morir hubiera algo más. Argumentaba mi posición desde el cliché que sostiene que en la Iglesia Católica se maneja una doble moral y pronunciaba todo tipo de blasfemias en torno a Ella. Sin embargo, las cosas fueron cambiando. Poco a poco comencé a entender que la vida debía ser observada desde otras aristas y fue así como tras un proceso de conversión fui entendiendo (y sigo en ese aprender) la magnificencia del misterio del amor de Dios. Comencé a realizar el Rosario con mi padre, a veces me quedaba dormido, otras veces le “sacaba el cuerpo”, pero poco a poco iba enamorándome de su Grandeza. A principios de 2010 volví a alejarme de la tibia fe que estaba viviendo en ese momento; volví a rebelarme en torno a las cosas de Dios, pero más adelante ese mismo año por medio de la Virgen María logré aceptar de manera real mi compromiso hacia las cosas de Dios (fue en ese punto que comprobé que por medio de la Madre es también posible llegar al Padre), asistí al retiro de Semana Santa en la casa de Peregrinos del Amor (misión fundadora de JMSP) y, desde ese momento he venido en un permanente cambio (el cual podría catalogar como una humanización), ya no me siento atraído hacia muchas cosas de la carne que solían “llenarme” y agradezco infinitamente a Dios poner en mi camino a Jóvenes Misioneros del santo Padre, pues esta experiencia se ha convertido en un estilo de vida. He aceptado el reto de defender mi Iglesia, de estudiarla para conocerla a conciencia y sobre todo para poder llevar el mensaje de Jesucristo a quienes necesiten de Él porque entiendo que en estos momentos de confusión es cuando más se debe difundir el mensaje de su amor, es por eso que todos los días le pido al Padre poder mantenerme firme en este caminar de su mano, para finalmente en el día que Él en su infinita sabiduría lo disponga, poder acceder a su reino y de tal modo vivir en la verdadera felicidad; la felicidad que todo hombre debería anhelar.Cali, Mayo 24 de 2011